Nuestra Empresa / Capítulo III. El cambio de tracción: del tranvía de mulas al eléctrico.
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Capítulo III
El cambio de tracción: del tranvía de mulas al eléctrico

Dejemos por un momento lo que ocurría en la calle, retrocedamos tan sólo unos años, y volvamos a los expedientes municipales, porque en ellos está pasando algo cuya importancia va a ser capital en la historia de nuestra ciudad.

Año 1896. D. Ramón María Lobo, presenta proyecto e instancia en el Ministerio de Fomento, Madrid, solicitando autorización para cambiar la tracción animal por la eléctrica. Habilísima maniobra de la Seville Tramways Company atacar desde tan arriba: se envía el proyecto al Gobierno Civil, que da diez días al Ayuntamiento de la propia ciudad en la que se va a hacer realidad el proyecto, para que lo estudie y manifieste si tiene algo en contra. Por inercia natural, habiéndose dejado a nuestro Ayuntamiento tan poco papel en el asunto, éste se ve inclinado a que por lo menos fuera relevante: con la negativa era indudable que adquiríamos peso, aunque probablemente no era lo más razonable. El caso es que el perito municipal D. José María Atienza, emite un informe muy poco favorable, que venía a decir que, aunque era partidario del progreso, no le parecía que el proyecto tal y como estaba concebido pudiese llevarse a cabo; lo cual es trasladado por el Alcalde al Gobierno Civil. Estamos a 24 de diciembre de 1896.

El 2 de agosto de 1897 una R.O. aprueba el proyecto de cambio de tracción para Sevilla: a la Alcaldía no se le había hecho absolutamente ningún caso. Desde luego, el informe de nuestro perito no era demasiado bueno, así que el Gobernador Civil recabó un nuevo informe del Ingeniero Jefe de la Provincia, que se pronunció favorablemente al proyecto presentado por el Sr. Lobo. En todo esto nuestro Alcalde no tiene un papel brillante; tras pronunciarse en contra, observa cómo los trámites siguen al margen del criterio de nuestra Corporación. Una vez que tiene noticia de que ha evacuado informe el Ingeniero Jefe de la Provincia, se limita a pedir que se le haga partícipe del mismo.

Ya publicada la R.O. a que antes nos referimos, entonces sí: el Sr. Lobo acude al Ayuntamiento a por autorización para realizar el proyecto (16 de agosto). La instancia de D. Ramón a nuestro parecer es una pequeña obra de arte: véase un fragmento: ":::el adjunto proyecto, síntesis completa de cuanto se intenta hacer por la Sociedad concesionaria de aquél, consultando los intereses del público y sin perder de vista por su parte, que el que queda atrás en el palenque de la actividad humana, sustrayéndose a la ley del progreso por no imponerse un sacrificio o alejar un gasto presente, atenta contra su propia empresa y la condena al aniquilamiento seguro con perjuicio de los mismos intereses que se propone defender...". El tono lejos de ser comedido resulta levemente amenazador (a la Alcaldía), a pesar de que sin duda está hablando de su propia empresa, la "Seville Tramways Company", y no del ayuntamiento.

Paralelamente  a la solicitud de autorización a la Alcaldía, la compañía acude a una autoridad, Ingeniero profesor de la Universidad Central, D. Francisco de P. Rojas, para que convenza a la Corporación de que la corriente eléctrica que tendrán los nuevos coches no ofrece ningún peligro para el vecindario. Mientras el citado profesor trabaja en ello, el Alcalde pasa el asunto a una Comisión de la Policía Urbana, que a su vez lo pasa a una Subcomisión formada por el Arquitecto y el Ingeniero municipales. Con todos los informes favorables, la Corporación aprueba el proyecto de cambio de tracción el 10 de septiembre de ese mismo año (1897): donde se dijo digo luego se dijo diego y aquí no había pasado nada.

Hay que admitir, porque inteligente es reconocerlo, que se había hecho un poco el ridículo.

A continuación hay un tira y afloja sobre cuestiones técnicas en el que no hace el caso entrar; todo lo más, mencionar los nuevos vagones (nótese la terminología ferroviaria) que se propusieron a la aprobación de la Alcaldía.

Proyecto de vagón de la "Seville Tramways Company" 1898.

El panorama sevillano relativo a sus transportes públicos en 1900 está acabado de dibujar. Desde el mismo mes de enero del siglo que comienza tienen lugar subastas y aperos de mulas: la sorda revolución que acaba de producirse en los expedientes va a empezar a sentirse -¡y cómo!- en la calle.

El cambio de tracción en dos instantáneas separadas por veinte años. la Alameda de Hércules en 1895 y 1915.


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